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Ganar dinero con criptomonedas: cómo empezar a invertir este 2022

Las estrategias de inversión en monedas virtuales atraen, sobre todo, a nativos digitales. Se puede empezar con poco dinero y ganar mucho, pero hay que saber hacerlo

Las criptomonedas han cambiado las reglas del juego inversor. Con ellas, Internet ha pasado a ser una especie de parqué donde se compran y se venden monedas virtuales. Con una particularidad: van encriptadas de origen a destino, con lo que estos movimientos fluyen totalmente libres, sin control de los estados, ni intervenciones de los sistemas bancarios. Son otra forma de invertir.

A diferencias de otros medios de ahorro tradicionales, las criptomonedas – bitcoins, altcoins o tokens – están abiertas a todo tipo de inversores. La mayoría llegan seducidos por las historias de nuevos millonarios menores de 30 años cuyas fortunas se han gestado con criptodivisas llamadas Ethereum, Binance, XRP (52.000 millones), Polkadot, Cardano, Dogecoin, Tether, Litecoin, Stellar y una larga lista de ‘criptos’ que crece cada día.

Hacerse rico está al alcance de cualquiera. Perder muchos miles de euros de la noche a la mañana por inversiones demasiado ‘pasionales’ en valores poco estables, también. Quienes llevan algún tiempo invirtiendo en criptomonedas animan a lanzarse, pero poco a poco y diversificando.

Cuando a Sergio, a sus 41 años, le comunicaron su ascenso y una subida considerable de sueldo, lo primero que se le vino a la cabeza es que estaba cómodo con su vida y que no quería cambiarla demasiado.

Ni cochazo, ni cambio de casa. “Iba a tener más ingresos al mes, así que podía replantearme la forma de ahorrar. Miré a mi hijo de cinco años y pensé cómo podría jugar con ese dinero extra para que tuviera un buen colchón en su etapa universitaria. Siempre he sido de inversiones con poco riesgo y eso ahora apenas renta, así que tenía que tirar por algo diferente. Así que me atreví a invertir en criptodivisas”, explica.

Para la generación Z y los milennials más jóvenes invertir en criptomonedas es un paso natural

Primero fue sobre seguro, invirtiendo en Bitcoin. “Es donde más dinero tengo, junto con Ethereum. Con el tiempo también me he atrevido con Litecoin, Cardano y Polkadot”, explica. Al principio entraba cada noche para revisar las cotizaciones en tiempo real.

Es un universo vertiginoso donde a finales de marzo había más de 18.000 criptomonedas y en el que se puede consultar el volumen de negociación de las últimas 24 horas (dinero movido en operaciones de compraventa de cada moneda), el precio, la posibilidad de minar esa criptodivisa o el número de acciones en circulación.

Para la generación Z y los milennials más jóvenes, nativos digitales, poco amigos de ataduras y contratos, y reticentes al control de las grandes instituciones, invertir en criptomonedas es un paso natural. Es el caso de Carla. En 2018 conoció el mundo cripto durante su estancia de Erasmus en Utrecht (Países Bajos). Tenía 21 años y una cuenta de banca digital con 900 euros. Era todo lo que quedaba de lo ganado en verano como socorrista tras pagar la matrícula de la universidad.

“Me la jugué invirtiendo 300 euros. No los necesitaba a corto plazo y dije ‘vamos allá, a ver qué pasa’. Y pasó que en poco tiempo tenía bastante más. Desde entonces he ido invirtiendo cada vez que tengo algo de dinero, aunque siempre me dejo algo en mi cuenta corriente ‘por si las moscas”.

Su perfil es un caso habitual entre estos nuevos inversores. Son mitad capitalistas a la nueva usanza, mitad jóvenes con ganas de divertirse y con la pasión por el riesgo propia de la edad. A su favor, consumen información en entornos digitales con auténtica voracidad y ahí es donde se encuentran las pistas acerca de cómo está el criptomercado. No tener hipotecas o hijos también juega a su favor.

En su contra, errores propios de principiante que, como bien apunta Cofidis, se pueden dar al lanzarse con cualquier tipo de inversión. Desde un exceso de confianza hasta meter todos los ahorros en el mismo activo –en este caso bitcoins u otras alternativas- en vez de diversificar, o invertir todo su efectivo sin contar con la volatilidad de este mercado. “Un amigo metió todo lo que tenía. Bajó un montón y perdió casi todo. Le hemos tenido que prestar dinero para los libros de la facultad. La moraleja es que no puedes invertir pensando en recuperarlo mañana, porque lo mismo mañana no está. Pero puede que en un año sea el doble. Esto funciona así, tienes que ser ‘bullish’ (inversor a largo plazo con intenciones alcistas)”, explica.

En 2021 cambiaron las reglas del juego en España para los grandes inversores. Entraba en vigor el Impuesto sobre Transacciones Financieras (ITF) o ‘tasa Tobin’, un tributo que grava con un 0,2% las operaciones de compraventa de acciones de las grandes empresas españolas. La tasa no afecta a los pequeños inversores, pero sí a las empresas con una capitalización bursátil superior a los 1.000 millones de euros.

Compañías como la de Roberto, una empresa de cosmética cuya facturación ha aumentado notablemente en los últimos cinco años gracias al e-commerce.

“Me quedan diez años para jubilarme, tengo la hipoteca pagada y mis hijos ya vuelan por su cuenta. Quería darle vida aparte de mis ahorros. Dediqué muchas horas a aprender cómo funcionan las criptomonedas antes de lanzarme. Aun así, solo he invertido un capital pequeño. Tengo una cartera muy diversificada de inversiones, desde las más conservadoras al capital riesgo y ahora, las criptomonedas. No me quedaría solo con una. Por muy rentable que pueda parecer hoy, mañana puede ser una ruina”, detalla.